Contaminación en los mares: Micropartículas de plástico son 30% de la basura en los mares 2017.

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Las micropartículas de plástico que se desprenden de productos industriales, como ropa sintética y neumáticos, representan hasta el 30 por ciento de las ‘sopas’ de basura que contaminan los océanos del planeta, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Un nuevo estudio de la entidad, dedicada a la defensa del medio ambiente y de las especies, afirma que en muchos países desarrollados las micropartículas de plástico son fuentes de contaminación marina incluso mayores que los propios desechos plásticos en sí.

Se calcula que de los 9,5 millones de toneladas de plástico que se arrojan cada año a los océanos, entre el 15 y el 31 por ciento son microplásticos, de los que dos terceras partes provienen del lavado de textiles sintéticos y del proceso de abrasión de los neumáticos durante su utilización.

Los microelementos contaminantes entran en el océano bajo la forma de diminutas partículas mientras que los plásticos más grandes se degradan en el agua y pueden provenir de múltiples fuentes, como textiles sintéticos, el revestimiento de las paredes de los barcos, productos de cuidado personal e incluso el polvo de las ciudades.
“Nuestras actividades diarias, como lavar ropa o conducir, contribuyen significativamente a la contaminación y al estrangulamiento de nuestros océanos, con potenciales efectos desastrosos para la diversidad marina”, dijo el director de la UICN, Inger Andersen, citado en un comunicado.

Esta problemática afecta incluso a los países más ricos, donde los sistemas de reciclaje y tratamiento de desechos son modernos y diseñados con fines ecológicos, pues allí las micropartículas de plástico más difíciles de manejar que los plásticos son la mayor causa de contaminación del mar.

Una solución sería que la ropa sintética sea diseñada para perder menos fibra, mientras que por el lado del consumidor se podría reforzar la importancia de optar por ropa de fibra natural. La contaminación con los microplásticos no se queda en los océanos, ya que esos se incorporan a la cadena de alimentos, con consecuencias que pueden ser muy nocivas para la salud humana. Asimismo, perjudican ecosistemas ya muy frágiles, como el del Ártico.

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Debido a la inmensidad y profundidad de los océanos, hasta hace poco el hombre creía que podría utilizarlos para verter basura y sustancias químicas en cantidades ilimitadas sin que esto tuviera consecuencias importantes. Los partidarios de continuar con los vertidos en los océanos incluso tenían un eslogan: «La solución a la contaminación es la dilución.»
En la actualidad, basta con fijarse en la zona muerta del tamaño del estado de Nueva Jersey que se forma cada verano en el delta del río Mississippi, o en la extensión de 1.600 kilómetros de plástico en descomposición en el Pacífico Norte para darse cuenta de que esta política de la «dilución» ha contribuido a llevar al borde del colapso lo que tiempo atrás fue un ecosistema oceánico próspero.
Diversas formas de contaminación
Existen pruebas de que los océanos han sufrido a manos del hombre durante miles de años, desde la época romana. Sin embargo, los estudios llevados a cabo recientemente demuestran que la degradación, especialmente en las zonas costeras, se ha acelerado notablemente en los últimos tres siglos a medida que han aumentado los vertidos industriales y la escorrentía procedente de explotaciones agrarias y ciudades costeras.
La contaminación es la introducción de contaminantes nocivos que no son habituales en un ecosistema determinado. Algunos de los contaminantes más comunes derivados de la actividad humana son los plaguicidas, herbicidas, fertilizantes químicos, detergentes, hidrocarburos, aguas residuales, plásticos y otros sólidos. Muchos de estos contaminantes se acumulan en las profundidades del océano, donde son ingeridos por pequeños organismos marinos a través de los cuales se introducen en la cadena alimentaria global. Los científicos incluso han descubierto que los medicamentos que ingiere el hombre y que no llegan a ser procesados completamente por su organismo acaban en el pescado que comemos.
Muchos de los contaminantes que encontramos en los océanos son liberados en el medio ambiente mucho antes de llegar a las costas. Los fertilizantes ricos en nitrógeno que utilizan los productores agrícolas en zonas de interior, por ejemplo, acaban en las corrientes, ríos y aguas subterráneas locales, y más tarde se depositan en los estuarios, bahías y deltas. Este exceso de nutrientes puede provocar un crecimiento masivo de algas que consumen el oxígeno del agua, generando zonas en las que no puede haber vida marina o apenas existe. Los científicos han descubierto 400 zonas muertas con estas características por todo el planeta.
Los residuos sólidos como bolsas, espuma y otros desechos vertidos en los océanos desde tierra o desde barcos en el mar acaban siendo con frecuencia alimento de mamíferos marinos, peces y aves que los confunden con comida, con consecuencias a menudo desastrosas. Las redes de pesca abandonadas permanecen a la deriva durante años, y muchos peces y mamíferos acaban enredados en ellas. En algunas regiones, las corrientes oceánicas arrastran billones de objetos de plástico en descomposición y otros residuos hasta formar remolinos gigantescos de basura. Uno de ellos, situado en el Pacífico septentrional y conocido como el Gran Parche de Basura del Pacífico, tiene una extensión que según las estimaciones llevadas a cabo duplica la del estado de Texas. A principios de 2010, se descubrió otra gigantesca isla de basura en el océano Atlántico.

Contaminación acústica
La contaminación no siempre es física. En masas de agua de gran extensión, las ondas sonoras pueden propagarse a lo largo de kilómetros sin perder intensidad. La presencia cada vez mayor de sonidos de gran potencia o constantes procedentes de barcos, sónares, instalaciones petrolíferas e incluso de fuentes naturales como terremotos puede alterar los patrones de migración, comunicación, caza y reproducción de muchos animales marinos, en especial los de mamíferos acuáticos como la ballena y el delfín.

El fin de la era de la «dilución»
El hombre comienza a percatarse de la insostenibilidad de la filosofía de la «dilución». Muchas leyes nacionales y protocolos internacionales prohíben en la actualidad el vertido de sustancias nocivas en los océanos, si bien su aplicación es a menudo incierta. Se están creando santuarios marinos con el fin de mantener ecosistemas marinos prístinos. Asimismo, se están llevando a cabo iniciativas aisladas que han logrado cierto éxito en la restauración de estuarios y bahías.

Fotos de contaminación en los mares del mundo:

 

 

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